¿Un niño que no juega? ¿Podemos encontrarlo en alguna parte? Difícil, ¿verdad? El juego es una parte natural del desarrollo infantil que le ayudará a adquirir las destrezas que necesitará para su vida adulta.

Según Sigmund Freud, al jugar, el niño domina sus temores, angustias y problemas internos. Asimismo, representa de manera lúdica aquellas situaciones que le generan placer.

Según la psicoterapeuta Juani Valenzuela, miembro de la Asociación de Psicoterapia de Niños y Adolescentes de Lima, “existen juegos típicos de acuerdo a le edad y maduración del niño”. Por eso Freud consideraba ‘el juego de la sabanita’ como un divertimento universal. El hecho de esconderse, desaparecer y aparecer, tiene un significado profundo para manejar las ansiedades de pérdida de la madre, pues en ese momento el niño atraviesa por una etapa llamada ‘posición depresiva’ en la que elabora la necesidad de desprenderse de la relación única con la madre para relacionarse con el padre”. De este modo, se establece el triángulo madre-padre-hijo que es la base de las futuras relaciones del individuo con el mundo que le rodea. Al desprenderse de la relación única con la madre y acercarse al padre, se abre el camino a múltiples intereses con el entorno, a la vez que se conecta con personas y objetos cada vez más variados y numerosos.

¡Aparece y desaparece!

Como explica la profesora de inicial Rosa Elena Silva, “no es concebible un aula de inicial sin juegos. A través del juego el niño asimila su entorno, imita al adulto y va comprendiendo poco a poco la realidad que le rodea. Hasta los dos años el juego sirve para explorar el mundo y formar las bases de su pensamiento, que se da con la madre y personas cercanas. Es en esta etapa que se desarrolla la parte sensorio-motor que se inicia con llevarse todo a la boca. A través de este acto el niño va adquiriendo conocimientos de su entorno. Luego empieza la manipulación de objetos con el mismo fin”.

De acuerdo a la profesora Silva, el niño adquiere las bases de su pensamiento, lo que luego devendrá en la adquisición de las bases del lenguaje y de funciones más estructuradas.

Si bien el juego empieza con el descubrimiento de lo que el niño puede hacer con su propio cuerpo -tocar, manipular, acariciar, movilizar, etc.-, progresivamente el pequeño empieza a desarrollar otro tipo de juegos conocidos como el ‘juego de roles’, señala la psicóloga Valenzuela. “De manera natural el niño se convierte en un pequeño actor imitando a los padres y a las personas que le rodean. Es así, que la niña juega a la comidita, al papá y la mamá. El juego también es usado en la psicoterapia de niños porque a través de éste el niño manifiesta sus conflictos y temores, y también se le ayuda a superarlos”.

El valor de compartir

Hasta los 3 y 4 años el tipo de juegos entre niñas y niños es muy similar. Es recién a partir de esta edad que empiezan a diferenciarse. Una de las partes más importantes del juego es poder compartir, ser empático con el amiguito con el que juega nuestro niño pues lo ayuda a ponerse en el lugar de otros.

“Más adelante, a la edad de 6 años, coincidente con la entrada al colegio el juego del niño cambia, y las letras y números se convierten en juguetes para ellos. La curiosidad por el conocimiento es la continuación de la curiosidad que sintieron por el mundo circundante hasta los 5 o 6 años”, dice la doctora Valenzuela.

Con el aprendizaje escolar aparecen nuevos juegos en los que se combinan las capacidades intelectuales con el azar, comenta la doctora Valenzuela. “El niño aprende a competir y compartir roles mediante múltiples juegos que van desde el azar hasta la pericia. El ludo, el ajedrez las damas o el dominó le abren un mundo nuevo. En su mundo, competir significa en un principio aniquilar; se triunfa sobre alguien pero no con alguien. Será necesario un largo aprendizaje hasta llegar a una nueva forma de competencia en la que se incluye y admite el posible triunfo de dos con iguales valores”.

Para los adolescentes desprenderse de sus juguetes representa un duelo; a muchos les cuesta dejar su niñez -juguetes- e ingresar a una etapa menos lúdica. Pero finalmente todos lo logran sobre todo cuando se inician las experiencias amorosas que sustituirán al juego infantil.

Fuente: Suplemento Educación Inicial

Diario El Comercio

14 de Mayo del 2010

Lima-Perú

http://www.eduquemosenlared


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