¿Trabajar gratis en la gestión cultural?

28 05 2016

El otro día leía un artículo de prensa que hacía una crónica de un encuentro entre creativos valencianos en el que abordaron el tema del trabajo profesional no remunerado. Por desgracia, se trata de una realidad habitual en la que todos hemos participado alguna vez, de una u otra forma, a lo largo de nuestra trayectoria profesional. Y cuando se trabaja en un ámbito como el cultural, parece que esos trabajos, realizados de forma profesional, son más proclives a que no acaben siendo remunerados.

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Hay algunos motivos, ya apuntados en la crónica de ese encuentro, por las que deseamos trabajar gratis en alguna ocasión:

“Hacer curriculum”: cuando se finalizan unos estudios, y no se tiene una trayectoria profesional consolidada, nos sentimos tentados en múltiples ocasiones de hacer algún trabajo, de manera altruista o gratuita, con la finalidad de poder anotar en nuestro curriculum que hemos trabajado en tal o cuál proyecto. Nuestra mayor preocupación en ese momento no es cobrar, sino marcar una serie de hitos que nos permitan cobrar en el futuro.

“Generar confianza”: ofrecer algunos trabajos gratuitos puede servir para generar cierta confianza en el otro en el sentido de transmitir que no nos movemos únicamente por el tema económico, sino que estamos comprometidos con el tema y el trabajo. Esto viene muy relacionado con la idea de los valores que queremos transmitir en nuestro perfil profesional.

“Buscar difusión”: especialmente en el caso de los creativos, realizar algún trabajo de manera gratuita a cambio de difusión es una forma de garantizarnos una difusión que pensamos que no podríamos pagar y que consideramos que nos resultará positivo para atraer futuros encargos remunerados.

“Realizar una inversión”: en no pocas ocasiones consideramos la realización de un trabajo gratuito como una forma de inversión para futuros encargos, para conocer nuevas personas y darnos a conocer o para que nos tengan en cuenta en el futuro. Consideramos nuestra dedicación no lucrativa como una inversión a medio o largo plazo.

“Colaborar con la causa”: cuando se participa de proyectos solidarios o culturales sin ánimo de lucro es muy fácil ofrecer parte de nuestro trabajo de forma gratuita porque estemos comprometidos con los objetivos, y porque ofrezcamos nuestra profesionalidad para que salga lo mejor posible, aportando lo mejor de nosotros sin esperar nada a cambio.

Estos son sólo algunos de los motivos por los que nos sentimos tentados en muchas ocasiones de trabajar gratis, pero creo que es justo que, en cada momento en que exista esa tentación, nos paremos unos minutos a reflexionar sobre la idoneidad de aceptar no ser remunerado por nuestro trabajo, teniendo en cuenta algunos aspectos como los que siguen:

“Mi trabajo debe ser reconocido”: cuando hablamos del sector cultural, muy especialmente en las tareas de planificación y gestión, parece como si se tratara de un trabajo que puede realizar cualquier persona sin una preparación previa; el trabajo profesionalizado garantiza una eficiencia en los recursos y una capacidad de reacción ausente en aquellas personas que pueden dedicarse de manera aficionada a ello. Hemos de ser capaces de poner en valor nuestra profesión y, por ello, nuestro trabajo, por insignificante que puede parecer.

“Supone un esfuerzo”: cualquier trabajo supone un esfuerzo de recursos y de tiempo; probablemente de no hacer ese trabajo no remunerado podríamos estar no haciendo nada interesante, pero es nuestro tiempo y nuestra decisión de qué hacer con él. La expresión “va, que no te cuesta nada” no debe servir para minimizar el esfuerzo que significa cualquier actividad profesional, aunque no sea remunerada. En el caso de los creativos ocurre también con frecuencia y existen algunas frases que, al pronunciar, demuestran que no se tiene en cuenta esta consideración, como las de “va, que tu ese diseñito lo haces en un momento” o “va, ven y tocas unas canciones que a ti te gusta hacerlo”

“Mi formación ha costado mucho”: en el momento en que llegamos a ejercer una actividad de manera profesional hemos pasado por muchas fases y por muchos y variados procesos de formación. Y esa formación nunca ha sido gratuita. El coste de esa formación se hace como una inversión para el período laboral, y si durante esa época en la que desarrollamos nuestra actividad de forma profesional no somos capaces de ir recuperando esa inversión hecha en la formación, podríamos haber dedicado nuestro tiempo de estudios a cualquier otra cosa más económica. La formación que tenemos sólo nosotros sabemos lo que nos ha costado (también en dinero).

“Cobro por lo que sé, no por lo que hago”: esa frase, que en algún sitio se ha difundido de forma viral, viene muy en relación con el apartado anterior, en especial en aquellas actividades relacionadas con la planificación cultural, la actividad creativa, o la difusión cultural. Si un conferenciante cobra por una conferencia no cobra por el mero hecho de dar la conferencia, sino por todo el tiempo, formación y experiencia que le permite ser capaz de hablar sobre ese tema con conocimiento; y lo mismo al que diseña un logotipo o una programación cultural.

“¿Tú vas a cobrar?”: en ocasiones, quien pide que realicemos un trabajo no remunerado cobrará por esa actividad; una situación que, cuanto menos, crea un estado de desigualdad entre ambos por la que deberíamos pedir algún tipo de explicación, no vaya a ser que quien hace el encargo considere un trabajo digno de remunerar y otro no tan merecedor de esa dignidad.

“Tengo que pagar facturas”: y, por último, ese dichoso vicio que tenemos las personas de sentir la necesidad de pagar facturas (vivienda, luz, teléfono, vehículo, seguros, etc.) o de pagar por lo que comemos y bebemos. Podríamos ser una minoría los que nos encontremos en esta situación, pero mientras no venga un médico que nos cure esta manía, poco podemos hacer.

Estos son sólo algunos aspectos (podrían ser, y de hecho son, muchos más) que considero que debemos tener en consideración a la hora de valorar la idoneidad de realizar un trabajo de forma gratuita, sin una remuneración económica. Por supuesto, se trata de una decisión totalmente personal y todos hemos trabajado gratis alguna vez (yo el primero), pero sí que es cierto que estas líneas que he escrito a manera de reflexión deberíamos tenerlas presentes más a menudo. Nos haríamos un gran favor a nosotros mismos y a nuestra profesión.

Cuando hablamos del sector cultural y su gestión nos encontramos en demasiadas ocasiones con personas que no valoran en su justa medida lo que somos capaces de hacer de manera profesional, y consideran que cualquiera puede hacerlo porque mucha gente puede realizar esta actividad de forma voluntariosa. Creo que debemos hacernos un gran favor personal, individual y colectivo, como profesión, en tratar de marcar esas distancias entre el trabajo profesional y el trabajo voluntarista. Y, probablemente, renunciar en muchos de los casos a realizar el trabajo de forma gratuita puede ser un importante paso para ello. A nosotros, y no a otros, nos corresponde hacerlo.

Publicado 16th May 2015 por José Martínez Tormo


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