‘Nadie se ocupa en serio de la educación de los niños pobres’ Gregorio Luri

images (7)Quién lo diría, pero Gregorio Luri no tenía una vocación docente. Sólo sabía que estudiar era la alternativa al campo. Y que Magisterio, en Navarra, es lo que su familia se podía permitir. Ni ir a Zaragoza ni la privada. Cuando habla de los niños pobres, lo hace desde la experiencia, aunque el pudor le impida dar detalles. “Y tanto que sé”, dice. Se echó novia, ahora mujer de muchos años, que quiso estudiar Psicología en Barcelona y allí se fueron. Él siguió con Magisterio. Sus padres le enseñaron el “amor al trabajo bien hecho y huir de las excusas, porque es lo que más infecta al alma”. “No consigues la autonomía personal echando la culpa a alguien”, remata. Si había que ser profesor, sería bueno. Cree que uno se motiva solo, “creando el relato de tu propia vida”. “No puedes ir todos los días a trabajar al Paraíso”, dice y añade su frase favorita de Nietzsche: “Donde no puedas amar, pasa de largo”. Él lo ha buscado. Encontró el amor también en sus libros. El trabajo bien hecho del que le hablaban sus padres. Y en aquella novia, hoy abuela, por la que llegó a Barcelona, donde siempre fue Gregorio, como le habían bautizado. Tiene dos títulos en las librerías, ‘¿Matar a Sócrates?’ y ‘Mejor Educados’. Lleva todo el verano inmerso en el siguiente, titulado provisionalmente ‘Fe, Esperanza y Caridad’, sobre Caridad Mercader, madre de Ramón, el asesino de Trotski. Es Gregorio Luri, navarro en Cataluña.

Le preocupa que nadie se ocupe en serio de la educación de los niños pobres. Que ahora se diga que los resultados de PISA tienen que ver con el estatus socioeconómico de la familia y poco más…
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