Los beneficios de la risa, la terapia más contagiosa

30 07 2015

Además de tener ventajas para la salud, expertos la consideran un ‘pegamento social’.

112La próxima vez que tenga ganas de reírse, hágalo. No frene el impulso. Su cuerpo, su mente y su espíritu se lo agradecerán.

Los beneficios que brinda desde la más tímida sonrisa hasta la más sonora carcajada son tantos, que los místicos de Oriente reconocen la iluminación que provee la risa.

Robert Provine, profesor de psicología y neurociencia de la Universidad de Maryland, la considera un ‘pegamento social’. Así la llama porque afianza las relaciones entre un grupo y hace parte del vocabulario universal.

Según la psicóloga Luz Marina Hoyos, la risa es una respuesta psicológica que se desata como un mecanismo inconsciente, es decir, que no la controlamos. “Nuestro cerebro toma la decisión por nosotros”, dice ella. Y tal parece que es una decisión sensata y saludable.

Otro de los atractivos de la risa es que es instintiva, no requiere aprendizaje. Lo demuestran los niños que nacen ciegos o sordos y ríen sin haber visto o escuchado jamás una risa o una carcajada.

Según Hoyos, investigaciones indican que esta respuesta se genera desde la etapa de gestación.

“El profesor Provine afirma que los bebés ríen prácticamente desde que nacen e incluso antes –explica la experta–. Es más, un grupo de investigadores ingleses, a través de escáner con ultrasonido, captó expresiones faciales de los fetos en el vientre materno; su risa y su llanto”.

La espontaneidad es el terreno en el que se dibuja con precisión la risa. Por eso no es raro que los niños lleven una marcada ventaja a la hora de reír a mandíbula batiente.

Cerca de 300 carcajadas pueden soltar al día, mientras que los adultos, en el mejor de los casos, pueden registrar 100, y en el peor, 15. Eso indica que con los años nos volvemos “agrios y perdemos la espontaneidad, la capacidad de asombro, de disfrutar las cosas sencillas y de ver el lado amable y divertido de la vida”, agrega ella.

Según la psicóloga clínica Bibiana Castillo, cuando una persona se ríe libera endorfinas en su cerebro; estas hormonas tienen un efecto similar al de la morfina. A su vez, se libera dopamina, un neurotransmisor cerebral que se relaciona con los estados de bienestar psicológico.

Así mismo, cuando la gente se ríe se modulan los niveles de cortisol, que es la hormona del estrés.

“Y tienen una potencia mayor que cualquier otra droga diseñada en el laboratorio; producen alegría, relajación, tranquilidad y felicidad”, señala Hoyos.

Sus efectos van desde soltar el miedo, ganar confianza y romper el hielo en cualquier situación, hasta rejuvenecer, porque la risa oxigena la piel, lubrica los ojos y ayuda a tomar mejores decisiones y a ser más creativos.

Ahora bien, una cosa es reír y otra sonreír. De acuerdo con Hoyos, la carcajada involucra un acto primario, una explosión que rompe con todo.

No se desata la misma bioquímica en el cuerpo con una sonrisa que con una buena carcajada. Pero una tímida sonrisa es un primer paso a la liberación.

 

De la risa contagiosa…

El sentido del humor es un aliado para superar enfermedades. No en vano se recomienda aprender a reírse de sí mismos.

“Es un mecanismo de compensación –dice Bibiana Castillo–. El humor en los individuos es un escudo que nos apoya protegiéndonos de los estados de ánimo negativos; reírse de sí mismos es una manera de liberarse del conflicto interno y una forma de terapia para afrontar las situaciones difíciles”.

Al hacerlo no solo se dejan de lado el ego y ese deseo obsesivo por mostrarse perfectos. “Nos damos permiso para equivocarnos; vemos la vida desde el ángulo divertido; le restamos tensión a la situación y observamos los problemas con una perspectiva ampliada”, explica Hoyos.

Pero si reírse de sí mismo no es fácil, tampoco lo es hacer reír a otros y más en situaciones decisivas, como la conquista.

Provine estudió el rol del sexo en el sentido del humor. La investigación reveló que “el 71 por ciento de las mujeres se ríe cuando un hombre cuenta un chiste, mientras que solo el 39 por ciento de los hombres se ríe con un chiste contado por una mujer”, sostiene Hoyos.

Cuando se produce más risa es cuando un hombre habla con una mujer.

Ella, por lo general, la lidera y él la genera con comentarios o apuntes divertidos o inteligentes, al hacer extrapolación de asuntos absurdos. Por eso el sentido del humor es una de las características que las mujeres aprecian en los hombres.

La risa ayuda, literalmente, en asuntos del corazón y reconforta el espíritu, especialmente, de las personas enfermas.

Según el psiquiatra William Fry, los pacientes hospitalizados son capaces de superar mejor su enfermedad y el estrés ocasionado por la misma, gracias a terapias basadas en la risa.

No en vano existen los payasos clínicos. Con su labor desestructuran el entorno del enfermo, el pensamiento reiterativo y la obsesión en torno a la enfermedad.

Un payaso clínico le entrega a un enfermo amor, algo que no se puede tocar, “que es energía, eleva las vibraciones y encamina hacia el sendero de la sanación”, insiste la experta.

Ese efecto terapéutico lo advirtió Hunter Doherty, más conocido como el doctor Patch Adams, un médico estadounidense que desarrolló en los 70 la terapia de la risa.

“Hace 17 años nació el payaso clínico en el país – cuenta Luz Adriana Neira, directora general y cofundadora de la Fundación Doctora Clown–, abriendo un espacio de juego y risa entre los medicamentos e inyecciones y contribuyendo a la humanización dentro de los hospitales”.

Además se ha comprobado que el efecto analgésico de la risa reduce, de manera significativa, el consumo de calmantes.

Que sientan menos dolor hace que el paciente que está en proceso de recuperación, sea mucho más activo. Eso acorta los tiempos de cura y de sanación.

 

Si le cuesta reírse…

• Vea películas divertidas.

• Lea o escuche chistes.

• Una buena fórmula es compartir con otros, estar con un amigo con quien se pueda hablar y realmente SER. Los episodios de risa son 30 veces más frecuentes en grupos que cuando se está solo.

• Vuelva a ser niño y entre en el juego de recibir y hacer cosquillas.

• Establezca vínculos a partir del juego. Es una forma de decir ‘Estoy a gusto contigo’.

• Otras propuestas son el yoga de la risa y los talleres de risoterapia, que también ayudan mucho.

 

FLOR NADYNE MILLÁN

Redactora Revista Carrusel


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