Iguales y Diferentes. ¿Resi…qué?

19 07 2010

¿Se trata de algo nuevo? ¿Es la solución a todos los problemas? ¿Será una nueva postura, algo snob de ciertos círculos sociales? ¿Qué es entonces la Resiliencia?

Antes de comenzar a definirla y a ponerla en práctica, no estaría de más mirar en perspectiva el contexto en el cual comienzan a aparecer nuevas teorías o, al menos, sesgos nuevos dentro de teorías que surgieron hace mucho.

Al remontarnos a los comienzos de la vida social, la relación existente por excelencia era la de dominadores-dominados o explotadores-explotados.

Hoy continúan estas dicotomías pero con otras aristas y otros nombres. Actualmente estos grupos reciben las nominaciones de Incluidos-Excluidos.

Si desde las políticas de Estado se mantiene esta diferencia social, es imperativa la búsqueda de estrategias que acerquen a los grupos para que la comunidad social pueda trabajar unida, teniendo como baluarte las propias diferencias.

En esta idea se sostienen los andamios de la diversidad: el derecho de ser diferente, a tener la propia identidad y que ello sea motivo de inclusión y no de marginación.

Es gracias al encuentro con ese otro diverso que puedo reconocerme como alguien distinto, como otro.

Es gracias a ese otro diferente a mí, que tengo la posibilidad de encontrar mis similitudes, lo que nos aúna.

Si ignoro a ese otro, en realidad me estoy ignorando a mí mismo, porque solamente tendría la oportunidad de mirarme en los otros a los que considero en situación de “igualdad”, pero se trataría de una igualdad “ficticia”, una suerte de espejos con mil caras en el que siempre recibiría ecos en serie.

Pero al mismo tiempo, esta diversidad nos iguala en el derecho de ser distintos. Todos tendríamos el derecho de optar por ideales políticos democráticos, identidades sexuales, religiosas, distinguirnos y valorarnos por nuestras etnias, culturas. Se trataría de darle a la tolerancia por la diversidad el lugar de dignidad humana que requiere y estar agradecido por ello.

En este contexto ideológico, la Resiliencia entra a tomar un lugar preponderante porque es gracias a los aportes de otro significativo que podemos gozar de un “estado de resiliencia”.

Las instituciones educativas cumplen una función de envergadura para que ese estado sea logrado desde edades muy tempranas.

La Escuela tiene, entre sus múltiples fines, respetar los derechos humanos de cada niño o niña, de cada una de las familias integrantes de cada comunidad para preparar ciudadanos responsables y dignos que elijan la paz por sobre la violencia, la igualdad entre los seres humanos, los géneros, las culturas, tomando esto como posibilidad de aprendizaje e intercambio y no como obstáculo.

El peso de la obligatoriedad que tiene la Escuela, el lugar distintivo que ocupa dentro de la sociedad, las múltiples funciones que ella desempeña, hace que la Institución Educativa, desde siempre, pero más necesariamente en estos últimos y convulsionados tiempos, actúe como mediadora, como bisagra social en contextos de desigualdad.

El fortalecimiento de los niños y niñas y de sus familias; el fortalecimiento de los agentes educativos que integran la Escuela, el poder trabajar en redes desde la inclusión con los invalorables objetivos que esgrime la Resiliencia, hace que la gestión educativa tenga un para qué: unir fuerzas entre la sociedad civil y el Estado para que las nuevas políticas apunten a la tolerancia por la diferencia y al enriquecimiento que eso brinda.

Es requerimiento fundamental que estas fuerzas se junten porque, de seguir con las posturas desencontradas, estaría recrudeciendo- como desde ya hace tiempo podemos observar- los fenómenos de violencia que azotan y agotan a la sociedad.

La Resiliencia no es un fenómeno casual. Ni siquiera es un fenómeno. No viene a dar respuestas, sino a dar la oportunidad de posicionarnos desde diferentes veredas: la propia y la de los otros, para poder mirar la misma comunidad desde puntos de vista diferentes para encontrar las respuestas que cada sociedad necesita y permitir que se generen nuevos interrogantes a trabajar.

Si tomáramos a la Resiliencia como el salvoconducto a los males de Pandora, se estaría tergiversando su sentido y, sobre todo, actuando de manera reduccionista, simplista y lineal frente a la complejidad y multicausalidad de los hechos sociales.

Definiendo cuestiones con la ayuda de otros

La Resiliencia es un término que proviene de la física y se refiere a la capacidad de un material de recobrar su forma original después de haber estado sometido a altas presiones.

¿Qué es la Resiliencia? -se pregunta Emiliano Galende. Para explicarlo, contesta: “Cierta sorpresa rodea a la respuesta. Se trata de algo que pertenece a la experiencia común (siempre supimos de su existencia), pero a la vez nos interroga, cambia el eje sobre el cual estamos habituados a pensar los temas de salud y sus soluciones. Se trata de un llamado, entre otras cosas, a ocuparnos no sólo de las “víctimas” de los factores de riesgo, sino a explorar y conocer a aquellos que tuvieron éxito frente a la adversidad o que se enriquecieron como personas con ella. Pensar la Resiliencia es subvertir la idea de causalidad que gobierna el pensamiento médico positivista y algunas concepciones de la salud. Es pensar a un individuo, no como víctima pasiva de sus circunstancias, sino como sujeto activo de su experiencia”…”La adversidad misma, en términos de situaciones críticas que se imponen al individuo, es productora de esa integración que es condición para una subjetividad resiliente, es decir, productora en el sujeto de nuevos significados y valores que surgen en la experiencia y determinan un sentido posterior: “Cuando me pasó eso…aprendí”. Ese aprender es en sí mismo un conocimiento y un nuevo recurso integrado al cuerpo, a la mente y a la acción sociocomunitaria del individuo. ¿Una nueva disciplina? Quizá más bien una nueva mirada sobre viejos problemas del hombre”.

El eje ha cambiado. Desde aquella relación entre condiciones socioambientales, familiares y la salud, hacia los problemas de la inclusión y la exclusión sociales. La principal ventaja consiste en que con la categoría de Resiliencia no se patologiza la pobreza y la exclusión social, sino que más bien se amplían sus horizontes para su comprensión.

En la historia de la humanidad, los grandes resilientes han sido aquellos que fueron capaces de hacer algo para cambiar el contexto sociocultural en el que estaban inmersos. Justamente no se caracterizaban por la sumisión y obediencia debida.

Resiliente es aquel que es capaz de “patear el tablero”, de romper con los moldes o paradigmas, a luchar entre lo instituído y lo instituyente. Es el creador del cambio y el que cambia con su propia creación. Se trata de transformaciones de tal magnitud que impactan en los otros individuos generando una “oleada de transformaciones” para poder enfrentar las adversidades que se presentan.

El ser resiliente no se trata de ser un sobreadaptado. Mucho menos un inadaptado social o un “desobediente” de las pautas o normas sociales, sino que es aquel sujeto perceptivo y sensible capaz de poner en juego su mirada crítica del entorno al cual pertenece y actuar en consecuencia para mejorar el panorama social a la vez que cumple con sus propios deseos de realización.

No se trata de un individuo que busca ser feliz en soledad, sino que intenta mejorar sus propias condiciones y la de todos los otros individuos a quienes respeta como seres humanos dignos de estar mejor a pesar de las adversidades.

La Resiliencia como concepto brinda un optimismo realista ya que va a la búsqueda de los recursos disponibles de las personas para avanzar constructivamente aún a pesar de serias dificultades.

También nos enseña que estas dificultades nos pueden fortalecer si contamos con “apoyos” para hacerles frente.

Factores protectores

Entendidos como las características, hechos o situaciones propias del sujeto o de su entorno que elevan la capacidad para hacer frente a las adversidades o disminuyen la posibilidad de desarrollar desajuste psicosocial frente a la presencia de factores de riesgo.

Entre los factores protectores- según Susana Gamboa de Vitelleschi- podemos incluir:

  • Vínculos positivos de aceptación
  • Redes de soporte social
  • Clima emocional positivo para el desarrollo
  • Aptitudes y habilidades en los cuales se considere “idóneo”
  • Sentido del humor
  • Autonomía e independencia
  • Control interno
  • Flexibilidad
  • Automotivación
  • Sentimientos de autoestima y confianza en sí mismo

También, sumados a los factores protectores internos, hay factores ambientales que presentan las diferentes instituciones de la sociedad, como ser la familia, la escuela, los grupos de pares, etc. que promueven la Resiliencia.

Algunos de los Factores de riesgo:

Violencia familiar o social

  • Enfermedad mental de los padres
  • Abandono
  • Adicciones
  • Pobreza crónica
  • Otros

La Resiliencia invita a dialogar con el conflicto, con lo negativo, justamente para no negar su existencia y fortalecernos a medida que vamos resistiendo su avance.

De Graciela Simari, Consultora Psicológica Educacional y docente con 24 años de trayectoria. Miembro de jurado en Investigación y Letras para el Desarrollo humano en Amerse, A.C, México sobre Resiliencia y Educación. Este artículo ha sido previamente publicado en la revista “A construir”.

Buenos Aires – Argentina

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